Son muchos, sin duda, los problemas pendientes en nuestra sociedad, para los que, aún con dificultades, hay que buscar y encontrar soluciones. Pero sigue siendo uno, al menos para la mayoría de los españoles –con toda razón–, el que preocupa de una manera especial y principalísima. Me refiero, como es obvio, al paro, a la falta de trabajo, al trabajo precario e inestable, a la imposibilidad actual de ejercer ese derecho tan fundamental y sencillo para la dignidad y logro de la persona, para la pervivencia de la familia y el futuro de nuestro pueblo. Años y años, nuestra sociedad está sufriendo este gravísimo flagelo, por algunos calificado, es cierto, como el mal social endémico de este tiempo en las sociedades avanzadas, pero que entre nosotros, especialmente en sectores jóvenes, llega a ser inaguantable por más tiempo, ya que no disminuye sino que continúa creciendo e intensificándose en sus muy dolorosas y amargas consecuencias.
Noticia original: La Razón