Conmemoramos hoy, día 28 de junio de 2012, un acontecimiento crucial en la historia del Antiguo Reino de Valencia, en cuanto parte de la Corona de Aragón.
En Caspe, ciudad zaragozana equidistante de Cataluña y de Valencia, y en la puerta de la Colegiata de Santa María la Mayor, hace 600 años hoy mismo, San Vicente Ferrer hacía público el acuerdo por el cual se elegía a Fernando de Castilla, rey de Aragón.
Tras morir el rey Martín sin descendencia en el año 1410, la Corona de Aragón se veía abocada a un posible conflicto entre aspirantes o incluso a una guerra civil. Las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia acordaron elegir a 9 personas, tres de cada territorio, que decidieran quién debía ocupar el trono, y acordaron que se reunieran en Caspe para deliberar y tomar la mejor decisión.
Los compromisarios que envió el Reino de Valencia a Caspe fueron: el prior de la Cartuja de Portaceli, Bonifacio Ferrer; su hermano, el dominico San Vicente Ferrer; y el jurista Giner de Rabassa, que fue reemplazado posteriormente por Micer Pedro Beltrán.
De los tres, San Vicente Ferrer fue el que mayor protagonismo adquirió entre todos. Lideró el debate sucesorio aportando sensatez y buen juicio, y razonando desde el prestigio intelectual ganado como gran predicador y excelente persona.
Aunque por orden jerárquico era el octavo compromisario, fue el primero en intervenir por el peso moral y reconocimiento que se le otorgaba. Y al pronunciarse con rotundidad, claridad y concreción, inclinó la balanza logrando que su candidato, Fernando I, alcanzase la mayoría de los votos, ya que contó con los tres votos aragoneses, los dos de los hermanos Ferrer y uno de los catalanes, y así fue elegido, pues se había acordado que se necesitaban 6 votos favorables de los 9 y que de cada territorio hubiese, al menos, un voto.
De San Vicente debemos aprender hoy, no sólo esa capacidad de convencer con la palabra, sino su humildad y fortaleza.
Es importante conocer los hechos, pero también es muy importante conocer a las personas que participan en ellos. El sexto centenario del Compromiso de Caspe adquiere mayor sentido si así lo hacemos.
Hoy corresponde subrayar la pacífica solución aportada al conflicto y destacar que en una época en la que empuñar espadas era más fácil y habitual que articular discursos políticos, se apostó por establecer unas normas que todos respetasen, por dirimir las diferencias con el arte de la oratoria y no con la fuerza; y por aceptar el resultado del acuerdo alcanzado por mayoría.
Seamos conscientes hoy de que siempre podemos aprender de los hechos pasados, especialmente de aquellos en los que, como el Compromiso de Caspe, primó la buena voluntad y el pacto en beneficio de todos.





28 jun 2012
Posted by Juan Cotino
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